Hablando a vuelo de un pájaro veloz, puedo asegurar que la cosa que más extraño de Bogotá no es ni el chocolate, ni las arepas de maíz pelao' (que mi mamá y/o mi abuela bien saben fabricar), ni la aguapanelita (que era bien sagrada para mí), ni la costeña-águila, los amigos (que si son amigos pues ahí están, ¿no?), la cama (ahora comparto la mía y es más sabroso... ahora el problema va ser cuando vuelva), ni la familia (pues ya necesitaba una alejadita). Creo que lo que más extraño de Bogotá es mi bicicleta, mi muy mugrienta fiel y casi nunca lavada bicicleta.
Yo como buen hijo de boyacense siento un gusto especial por montar el caballito de acero, placer que se ve complementado por la libertad vehicular que me proporciona, además de la leve mejora en mi canastilla "familiar" que el uso de mi bicicleta representa, pues acá en Rio de Janeiro el bus cuesta dos-mil-pesos, una infamia para personajes como yo que ya estudiaron 1 año en la Pedagógica y 5 en la Nacional (mi novia solo en la nacional pero ama la bici tanto o un poco más que yo) y que cuando no lichigueabamos bus andábamos en bicicleta.
Acá no hay bicicleta ni todos los efectos benéficos que ella tenía, en especial uno que no mencioné. Cuando pedaleaba en mi bici me ponía a pensar en los problemas no resueltos, repasaba para mis exámenes y además de esos pedalazos salieron muchas buenas ideas para lidiar con ya mi muy torturante tesis. A mí aveces me da pereza trotar, me parecía mejor la bicicleta como ejercicio y ahora en una ciudad que casi no cuenta con infraestructura para la bici... pues la nostalgia es doble ya que no hay ni bicicleta ni plata para comprarla ni espacio para rodarla en caso de que tuviera la plata...
Por eso cuando vuelva en enero pues me verán trepado de mi caballito de hierro hijuepuerca!, combatiendo y devorando kilómetros en la fiel bicicleta que por debajo de cuerda me dejó hasta una novia churrísima.
Bicicleta... te extraño y no tengo ni una fotico tuya.
lunes, 22 de octubre de 2007
Juan Camiiiilo si tiene bicicleta... perooooo, lejos
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Los cuentos de mis hijos
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22:15
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1 comentario:
Creáme que lo entiendo. Es el vehículo ideal, por más que muchos se nieguen a reconocerlo.
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